martes, 25 de agosto de 2009

¿Qué pueden aportar a los enseñantes los diferentes enfoques de la Didáctica de las Matemáticas? Comentario.

Comentarios acerca del artículo de G. Brousseau: “¿Qué pueden aportar a los enseñantes los diferentes enfoques de la Didáctica de las Matemáticas?”

El autor inicia diferenciando la didáctica como adjetivo (lo que es apropiado para la enseñanza) y como sustantivo (arte de enseñar), aclaraciones que resultan sumamente importantes pues hacen evidente el uso del término didáctica en muchas situaciones, pero todas ellas relacionadas con la enseñanza. Piensa uno entonces que la definición de didáctica no es tan precisa como algunos quisieran, que es un conjunto producto de todas las dificultades a las cuales el educador se ve enfrentado en su labor docente y que la definición “conocimiento del arte de enseñar” es tal vez la que más se acerca.

El autor afirma: “Pero desde hace una quincena de años ha aparecido, también bajo el nombre de didáctica un intento de construir una ciencia de la comunicación de los conocimientos y de sus transformaciones” y nos muestra que dicho intento es por teorizar la producción y la circulación de los saberes, de una forma demasiado fría en la cual yo puedo crear un documento (paso a paso) para la enseñanza de determinado curso incluyendo los detalles mínimos y posiblemente en mi curso funcione perfectamente, pero tal vez a otra persona que oriente la misma asignatura no le sea tan útil, incluso puede ocurrir que para el próximo semestre ya no me sea útil y me vea obligado a cambiar las estrategias para lograr que los estudiantes se motiven y logren comprenderme, es decir, que mis necesidades cambien aunque el tema siga siendo el mismo, es que el proceso no es lineal en ningún momento, mis estudiantes serán otros y sus dudas y sus saberes también serán diferentes. Tal vez existe un desconocimiento de la importancia de la diferencia en nuestra cultura, no somos conscientes de que es la diferencia la que nos hace crecer, nos permite aprender del otro y cuestionarnos, deberían educarnos para valorar la diferencia no para castigarla o ignorarla. Ante todo esto es preferible un conocimiento profundo de la materia que se enseña a tener un paso a paso riguroso, inelástico. Un profesor que conoce perfectamente el tema que pretende enseñar al descubrir dificultades en los métodos usados en su práctica docente puede hacer cambios para hacerse entender e intentar lograr sus objetivos. Además su conocimiento le dará la seguridad para cuestionar a los estudiantes de forma adecuada e intentar despertar en ellos curiosidad e interés por el tema. Es lo que tal vez muchos educadores experimentan en sus carreras docentes, la necesidad los obliga a conocer sobre nuevas herramientas que les permita enseñar adecuadamente, a conocer sobre teorías didácticas y como ejemplo estamos los integrantes de este grupo de estudio en la Universidad Tecnológica de Pereira.

Existe un problema cultural con las matemáticas, muchas personas dicen odiarlas y no reconocen que cada día tienen necesidades matemáticas. Muchas otras personas se interesan por las matemáticas debido a ciertas necesidades que los obligan a usarlas. Existe desconocimiento de que las matemáticas son el lenguaje que nos permite comprender un poco nuestro universo.

Es importante entonces crear necesidades matemáticas en nuestros estudiantes, presentar para ellos diferentes situaciones para que así reconozcan las diferentes herramientas de las cuales disponen y de su utilización en el momento adecuado. Además de intentar reunificar las matemáticas, que no se vean como regiones alejadas e incomunicadas en un universo infinito, sino como una región amplia y en crecimiento, pero en la cual existe comunicación, cooperación, intercambio, libre comercio para beneficio de todos.

Me parece interesante la siguiente frase del autor: “los profesores esperan la didáctica en un terreno en el que reinan como “amos” y en el que nada les prepara ni les motiva para recibirla tal como es.” Puede uno pensar muchas cosas después de leer esta frase, ¿será que tenemos miedo de descubrir que no somos infalibles y que podemos y debemos mejorar?, ¿o será que la falta de interés de algunos profesores hacia la didáctica radica básicamente en la dificultad que sienten a poner palabras a lo que para ellos no las tiene, así como el artista del cual habla Rilke en su libro: “Cartas a un joven poeta” , quien pinta un cuadro o compone una obra musical para expresarse con el lenguaje que mejor conoce, y las palabras para el son insuficientes? Posiblemente lo que debemos buscar, antes que escribir un mamotreto con “trucos” para la clase, es motivara otros a descubrir lo que nosotros hemos descubierto, a motivar a que otros disfruten de la necesidad de querer aprender algo cada día y querer motivar a otros a que también lo descubran y así crecer mutuamente. Este debería ser nuestro objetivo, y no lo digo con humildad.

El autor hace énfasis en la importancia del error en el aprendizaje, y de desaprender pero sin olvidar, ya que algunos conocimientos obstaculizan a otros, diciendo: “el uso y la destrucción de los conocimientos precedentes forman parte, por tanto, del acto de aprender” cosa que para muchos sería algo ilógico, pues el error siempre ha sido castigado y visto con malos ojos, como si fuera algo ajeno a nosotros, cuando en realidad gracias a nuestros errores podemos aprender y desconocer nuestros errores es desconocer nuestra calidad de seres humanos. Por ejemplo, es un error pretender que nuestros estudiantes contesten una pregunta sin comprenderla, la reflexión matemática no puede negar la existencia de errores, de lo contrario estaríamos solo utilizando la memoria y la repetición, y se perdería lo valioso de la sorpresa, de lo novedoso, del reto.

Algunos profesores se dedican especialmente a lo operativo, pero así sus estudiantes no sabrán cuando utilizar las operaciones que han aprendido tan bien, no identificarán la necesidad, no comprenderán la pregunta y por tanto no darán respuesta a ella, ni se interesarán por conocer nuevos métodos que les permita en determinado momento dar una respuesta desde otro punto de vista, avanzando aún más.

Es pues en conclusión la didáctica una labor social, la cual pretende que las cosas funcionen mejor, se interesa principalmente por estudiar cómo debemos enseñar, es el conocimiento del arte de enseñar y muchas de las cosas que intuitivamente creemos que son didácticas, las cuales serían específicamente herramientas didácticas nos ayudan en este proceso. Importantísimo en este caso destacar el papel que juega la necesidad, pues es ella la que nos obliga a buscar nuevas cosas que nos permitan mejorar nuestra labor docente.

Posiblemente este tipo de artículos no sean los que las personas prefieran leer, pues no dan un parte de total tranquilidad ni de ideas estáticas en el tiempo, dejan mucho del tema abierto. A mí me parecen interesantes pues nos obligan a pensar seriamente en el tema central, la didáctica, qué conocemos de ella, qué nos hemos acostumbrado a hacer y qué nos hace falta para ser mejores educadores; para así atrevernos a mejorar, o al menos a intentarlo con todas las esperanzas puestas en ello.

Eduard Rivera Henao.


viernes, 7 de agosto de 2009

Lo que hacen los mejores profesores universitarios - comentario.


A continuación, algunos comentarios acerca del resumen “Lo que hacen los mejores profesores universitarios” de Ken Bain.

El pasado 06 de agosto de 2009 nos reunimos en el salón E-245 de la Universidad Tecnológica de Pereira, algunos profesores del departamento de matemáticas para dar inicio al curso “Didáctica en la enseñanza de la matemática” orientado por el Profesor Fabio Valencia M. De esta primera reunión me queda la impresión de que la mayoría de los profesores primero se enfrentan a la enseñanza y luego ven la necesidad de conocer sobre herramientas pedagógicas que les facilite esta labor. Creo entonces que voy por muy buen camino, veo la necesidad y busco las herramientas para emplearlas en el momento adecuado.

Sin ser un conocedor de los modelos pedagógicos, me atrevería a pensar que el caso contrario es un poco antinatural, pues no existe la necesidad. Lo que vi en la reunión y lo que leí sobre el resumen del libro “Lo que hacen los mejores profesores universitarios” de Ken Bain, me muestra que muchas de las cosas que uno hace en la clase son acertadas y esto me llena de tranquilidad, alegría, orgullo y ganas de seguir aprendiendo, ayudando a que otros descubran lo apasionante que es aprender y querer motivar.

Bain habla en su documento de muchas actitudes que debe tener el buen profesor, debe ser una persona que escucha, que pregunta, que fomenta una actitud crítica en sus estudiantes, una persona conocedora del tema que pretende enseñar, que se preocupa por saber que le interesa a su estudiante para así cautivarlo en clase y motivarlo a que sea él quien construya su propio conocimiento.

Me gusta la idea de mostrarle al estudiante que la recompensa por aprender no debe ser una nota o un porcentaje de ella, sino la satisfacción de hacerlo.
Para Bain es importante cuestionarse y cuestionar sobre la utilidad de lo estudiado, crear curiosidad, interés, proponer el hecho de traer preguntas a clase y sacar conclusiones finales después de cada sesión es algo que no había contemplado dentro de las posibilidades de la clase y que ahora descubro con asombro y agrado. También es importante el sentido del humor y en ciertos casos sincerarse con los estudiantes dando recomendaciones o trucos para que ellos no fallen donde uno lo hizo, esto es ser un profesor humano, real.

Bain reconoce la dificultad de evaluar, a mí siempre me ha parecido la labor más difícil e incómoda, y en algunos casos intenté despreocuparme un poco de las notas iniciales de algunos estudiantes que crecían con seguridad durante el semestre y para los cuales un cálculo rígido de su promedio no daría como aprobada la materia. Veo ahora que no es un error, es reconocer el esfuerzo, el compromiso y el crecimiento de un estudiante.

No sé si el autor lo diga en su libro, pero quien más aprende en este proceso siempre es el profesor de mente abierta preocupado por ser cada día un buen profesor, un motor, un buen recuerdo duradero en la memoria de sus estudiantes.

Eduard Rivera Henao.